—¿Acaso no lo sabías, niñita? Dudo mucho que aquí puedas dar a luz, no te dejarán tener a tu hijo.
Liliana tuvo un terror indescriptible.
—Todo es tu culpa por ser una criminal, lo mereces, es tu karma.
Liliana aún conservaba las manos en su vientre, tenía mucho miedo por su bebé.
«No puedo seguir aquí, ¡debo luchar por mi hijo! Él no merece vivir esta injusticia, y yo tampoco», pensó.
—Por favor, se lo suplico, déjeme hacer una llamada, no me dejan hablar con nadie, por favor.
El doctor l