Liliana escribió una carta, la puso sobre la mesa de noche para que al despertar él la viera.
Tomó algo de dinero, tomó una valija con ropa, estaba por salir, pero se detuvo, su corazón se sentía tan pesado, las lágrimas estaban en su rostro, se sentía rota.
Mirò a Demian tendido en la cama, se acercò a él, sus dedos largos, delgados, delinearon su perfil, dolía dejarlo ir, dolía como todo se había arruinado.
—Te amo, Demian, pero debo alejarme de ti, me mentiste, y lo peor, eres un… asesino…