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—Hey…

Su susurro cálido se sumó a su dedo deslizándose por mi nariz, llamándome a emerger de un sueño profundo y sin imágenes. Hallar sus ojos azules y su sonrisa era una excelente manera de empezar el día. Sonreí también, desperezándome mientras mis otros sentidos despertaban también.

El olor del desayuno me recordó mi estómago vacío, pero no tuve ocasión de lamentarme. Sal ya rodeaba la cama cargando una gran bandeja con un abundante desayuno para los dos. Entonces lo vi bien y tuve que traga
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MaríaCada día me gusta más Sal!
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