Mundo ficciónIniciar sesiónEl auto alcanzó la autopista y sentí por primera vez que podía volver a respirar. Seguía abrazada a mi mochila en el asiento posterior, la cara vuelta hacia afuera para ocultar mis lágrimas. Ya no era el llanto histérico de un rato antes, pero no lograba dejar de llorar.
Carlos, el recepcionista nocturno de mi edificio, se había incorporado sobresaltado cuando salté fuera del edificio apenas vestida, el pelo una maraña empa







