Sin interrupción alguna llegamos al jardín, el castillo plasmado en un silencio casi eterno comenzó a hacer crecer una gran preocupación en mi pecho.
Las caras de los trabajadores del lugar es de personas que parecen van a fallecer de miedo, tan pálidos como un muerto y temblando como si el frío calara en cada hueso de su cuerpo.
—¡Holaaaaa! —Voltee hacia la nueva voz femenina, resultaba ser Sedna junto a su hermano, quienes permanecen sentados en una mesa de campo del jardín. —¡Idalia, ven aqu