La noche llegó en menos de lo esperado, y por mucho sueño que sentía traté de permanecer despierta.
Las horas fueron pasando de forma lenta, ya era más allá de la una de la madrugada y no tenía ninguna señal de Moros.
Quería verlo, era claro. La última vez que lo vi fue hace unos cuantos meses —más en específico, poco más de un año —Solo recibiendo una miseria de su atención cuando ese mendigo dio fin a su vida consumiendo los alimentos que le proporcione. ¿Su hija?
Ignorantemente pensé que n