Despertar fue una experta extraña.
Cuando lo hice y mire a mi alrededor, no me encontraba en la cama de la casa de campo que compré hace muchos años para poder pasar el tiempo junto a mi querida amiga y mi hija.
En su lugar la cama era grande, con sábanas suaves y con tantas almohadas que hasta me costaba acomodarme entre ellas.
Cuando traté de moverme, me di el lujo de mirar a mi alrededor. La habitación era basta, con paredes pintadas de color negro puro y columnas blancas que resaltaban a la