—Ya llegó la hora de retirarme, caballeros. Fue un gusto jugar con ustedes.
La noche llegará a su fin en cualquier momento, quedó claro cuando el club de apuestas comenzó a vaciarse para dejar solo la presencia de unas cuantas personas, contando la mía.
—También fue un gusto acabar con su dinero. —Soltó Sedna, comenzando a soltar esas típicas risas escandalosas suyas.
—Supongo que nos veremos en otra ocasión, señorita. —Se despidió Angelo, quien dio un gran trago a su bebida.
—Puede ser. ¿Qué