—Arreglate, vamos a salir. —Despues de días sin ver a Moros, quien se tuvo que ir a encargarse de unos cuantos asuntos en el reino de los muertos, tengo la dicha de ser invitado por el dios a lo que parece una cita.
—¿A donde iremos? —Un vestido fue colocado sobre mi regazo, perfectamente doblado y sin mostrar la más mínima arruga, solo un grito de perfección que provocó lamentos en mi interior, ya que lo más seguro arruine la prenda al usarla.
—Tu amiga de apuestas preparo algo en la ciudad de