Emma:
Ambos pasamos a la sala y el se sentó frente a mi, lucía muy cabizbajo y era más que obvio que había llorado.
—Supongo que ya sabes que ese niño no era mío..
—Así es —me crucé de brazos.
—No se que decirte Emma, lo único que se me ocurre ahora es lamentarme y sentirme como un imbécil, porque eso es lo que soy.
—Lo eres —asentí—, me molesta mucho que no hayas querido escuchar a tus amigos, no tanto a mi, si no a ellos, que te conocen desde hace años.. Pero decidiste confiar en aquella muje