Lo que menos necesitaba era dinero.
Terminaron de preparar sus bolsos y la comida de Jackie para el viaje a la una de la madrugada, tomaron un baño y se recostaron exhaustos, con las luces apagadas. Simon seguía ideando campañas e inversiones por sus nuevas motivaciones.
— Simon, hasta yo puedo oír tus pensamientos — dijo molesta Emma entre la oscuridad. — ¡Duerme, por favor!
— Lo siento, no puedo dejar de pensar. Tengo tantos discursos e ideas en mi mente.
— Trata de descansar, en un rato más tenemos un largo viaje.
— Sí, tratar