Sus labios se separaron lentamente. No le salió la voz. El nombre retumbó en su cabeza sin cesar, una y otra vez: Eric Sanders.
Y otra frase peor: “soy el padre de tus hijos”.
No podía ser. No tenía sentido. ¿Cómo lo sabía él si en la clínica le habían dicho que esa información era confidencial? ¿Quién era ese hombre para hablarle con esa seguridad? Ahora conocía su nombre, sí, pero eso no le decía nada de quién era. Solo sabía que estaba en su puerta, que la había amenazado por teléfono, que l