«Mi ruina no comenzó el día en que caí, sino el día en que creí en la persona equivocada.
Pensé que su mano se tendía hacia mí para levantarme, cuando en realidad me arrastraba con más fuerza hacia el fondo.
Confundí su compasión con amor, su apoyo con salvación, y no vi que tras cada gesto amable se escondía el placer de verme depender de él.
Me sostuvo solo para recordarme que sin él no era nada, para alimentar su orgullo con mi rendición. Mi verdadera caída no fue la pérdida de lo que tenía,