Ya casi llegaba el momento.
Eric llegó al despacho sin mirar a nadie, con el abrigo aún puesto y el gesto tenso, como si hubiera estado conteniendo algo desde hacía horas.
Se sentó en la cabecera de la mesa larga de cristal y apoyó los antebrazos, entrelazando los dedos con fuerza. No estaba nervioso. Estaba concentrado, y esa concentración tenía un filo peligroso que todos en la sala reconocían.
Sus abogados ya estaban allí. Tres personas que conocían bien su forma de trabajar y sabían cuándo hablar y cuándo no.
El silencio inicial no fue incómodo. Fue expectante. Sanders había puesto gran interés en la situación, por eso esperaba resultados. Se trataba de su esposa, debía de hacerlos pagar.
—Mañana es la primera audiencia —dijo uno de ellos, rompiendo el silencio con un tono medido—. Hemos revisado todo de nuevo esta mañana. El caso contra Carmen Rodríguez es sólido. No hay grietas reales por donde escapar.
Se limitó a escuchar. Aunque sentía que era un poco más de lo mismo.
El abog