Jazmín llegó a la entrada de su casa y abrazó las sobras del almuerzo con Mari con posesividad.
“¿Debería enterrarlos? ¿Debería esconderlo en el guardabarros del coche de Marco?” Su instinto le decía que protegiera esa comida a toda costa, pero su ladomás sensato le decía que esa comida no dudaría más de unas horas a la intemperie. Resignada, Jazmín entró con sigilo a la casa, esperando no toparse con nadie. Si tan solo pudiera llegar a su habitación y esconderlo en su armario…
Pero nunca había