Si antes le había costado dormir, ahora parecía todo un reto. Jazmín se colocó el buzo de Elio, cubrió su cuerpo con las sábanas y se hizo una bolita. El temblor no se iba porque el frío entraba por las grietas de las paredes de madera calándose cruelmente hasta sus huesos.
De repente, la puerta se abrió en un chillido terrorífico, y la joven se estremeció con miedo- ¿Qué más quieres?- exclamó cansada de luchar.
-Jazmín…- Se escuchó la dulce voz de su esposo que invadió el lugar.
Los grandes o