Si bien trató de racionar la comida, terminó devorándose todo esa misma noche. Por lo menos su bebé quedó satisfecha y no sintió malestar por tener el estómago vacío.
Los rayos del sol comenzaron a atravesar las grietas del viejo techo y cayó en la cuenta de que apenas había logrado dormir, por suerte, el sol subió un poco la temperatura y dejó de temblar como una delgada hoja de papel.
Jazmín se mantuvo inmóvil hecha una bolita envuelta debajo de la frazada que le había traído su esposo. No.