Había pasado una noche importante, a pesar de que no había tenido sueños. Pero haber conocido a Valentín me generó una extraña incertidumbre en el pecho. Uno de sus hombres me trajo en una lujosa camioneta hasta la puerta de mi casa, y no se fue hasta que no vio que yo cerré la puerta detrás de mí. Sí, había esmerado mucho para que llegara. Algo, seguramente, yo era esa pieza que faltaba en su juego. Claro que lo era: si yo accedía a su plan, me convertiría en la albacea de las acciones que her