El corazón me latió con fuerza. Esperaba poder pasar con Pedro y, a pesar de que no lo conocía y que apenas lo había visto hacía una hora, entrar sola a hablar con Valentín me generó un miedo profundo.
—¿Y si yo le caía mal? ¿Y si lo que yo iba a contarle, en vez de agradarle, le disgustaba y me mandaba a matar? ¿Y si la próxima persona que cruzara por esas puertas no oliera la sangre que yo olí, sino mi propia sangre, y luego mi cuerpo sería disuelto en ácido?
Me di cuenta de que estaba sobrep