El lugar era terriblemente oscuro. Parecía que había algo siniestro en él, y yo lo sabía muy bien: ya lo había presenciado con anterioridad. Tanto antes tenía a Valentín; él sabía muy bien qué hacer, sabía cómo se manejaban las cosas en el interior de la tierra, en el estómago de la ciudad. Pero ahora estábamos completamente solos y no había más opción que seguir adelante.
Con la luz del celular iluminé el enorme pasillo que se dirigía en ambas direcciones, y cuando Nicolás apoyó los pies en el