Agarrados de la mano continuamos avanzando un paso a la vez. No teníamos más opción que seguir haciéndolo, ya no había marcha atrás. Los golpes en la puerta seguían, así que decidimos adelantarnos con rapidez, antes de que la varilla que Nicolás había puesto para impedir el paso de aquellas personas al final se rompiera y estos lograran alcanzarnos.
— ¿Estás segura que por aquí llegaremos al centro? — me preguntó después de al menos una hora de caminar.
Y yo simplemente no tenía la menor idea