140°

Sentí que había descansado una vida entera. No tuve sueños, ni pesadillas, nada. Simplemente había sido una oscuridad tan perfecta que casi hubiera preferido quedarme en ella.

Cuando abrí los ojos ya había amanecido y parecía que era un poco tarde en la mañana. Había dormido toda la noche, seguramente más de 12 horas. Pero había descansado bastante porque me desperté completamente revitalizada.

Adrián estaba acostado a mi lado. Descansaba tranquilamente mientras su respiración se hacía lenta. Me sorprendió que no se hubiera ido temprano para la oficina después de todo lo que había pasado: la reunión de la junta, la amenaza enorme que representaba Ezequiel y su nueva droga. Tal vez quería cuidarme, pensé, y eso me hizo sentir un calorcito en el pecho.

Me quedé acostada ahí a su lado, aunque ya no tenía sueño, con los ojos entrecerrados. Aparte del pequeño dolorcito en el hombro y de un par de ardores donde tenía unos cuantos rasguños, me sentía bastante bien. Como si la droga que hubie
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