ANDY DAVIS
No teníamos mucho que empacar, solo nuestros fantasmas. Después de un breve descanso, salimos de madrugada rumbo al aeropuerto, en silencio, sin hablar sobre lo que había pasado, sin hacer planes ni pensar en el futuro, solo conteniendo la melancolía, esa que te embarga y te deja un vacío después de que estuviste tan cerca de la muerte, del dolor y del sacrificio.
El avión que nos llevaría a casa ya nos esperaba en el hangar. Lucien fue el primero en subir, con Camille en brazos, mie