CAMILLE ASHFORD
—¡Arriba! ¡Levántate! —exclamó una voz femenina algo cascada mientras la cama parecía estar en medio de un terremoto.
Apenas abrí los ojos cuando alguien ya me había tomado del brazo y sacado de entre las sábanas de un tirón. Tuve que sujetarme de la mesita de noche para no caer. Entonces me di cuenta de quien me había despertado con tanta energía.
—¡Ya son las seis de la mañana y no puedo entender como sigues holgazaneando! —gritó la mujer en mi cara, entrada en años, bastant