LUCIEN BLACKWELL
Ignoré lo mejor que pude sus sollozos y me obligué a mantener la mirada clavada en la ventana, pero en el reflejo podía verla, tenía la apariencia de un ángel en desgracia, con esos mechones rubios cayendo por sus hombros y su hermoso rostro consumido por la tristeza, hasta que de pronto su dolor cesó.
La vi por el rabillo del ojo, tenía las mejillas surcadas por lágrimas frescas que aún nacían desde sus párpados cerrados. Estaba dormida y, por primera vez en mucho tiempo, me