RACHEL MONROY
Llegué a mi departamento, sí, ese mismo que sería donde viviríamos Bastián y yo cuando nos casáramos. Ese en el que dediqué mi tiempo, mi dinero y mi amor. Forcé una sonrisa al saludar a los vecinos y el personal de servicio, mientras caminaba como la abogada exitosa y con un futuro prometedor que se suponía que era.
Fingí que todo estaba bien, como siempre, pero al llegar a mi departamento y cerrar la puerta detrás de mí, el nudo en mi garganta regresó con fuerza.
Todo en él est