SHAWN ROBERTS
Nadia corrió a trompicones, llorando, sosteniendo su mano fracturada contra su pecho, contra su corazón igual de fracturado, mientras yo la seguía como una sombra silenciosa, dirigiéndola en silencio. Cortándole el paso y dejándole creer que era ella quien decidía la dirección, hasta que un golpe certero en su pierna la hizo caer.
Entre gritos de dolor, Lucien salió con una sonrisa victoriosa y una pala, la misma con la que la había golpeado, apoyada en su hombro mientras respira