SHAWN ROBERTS
Detuve la motocicleta frente al cementerio. Las enormes puertas herrumbrosas y torcidas delataban lo viejo que era. Bajé con respeto y me quité el casco. Cuando me asomé, vi el cuerpo de Nadia aún respirando, de seguro se había dislocado algo, pero por suerte el casco y la ropa que usaba fue suficiente para que soportara todo el trayecto.
La desencadené con cuidado sus tobillos y la levanté sobre mi hombro. Casi sentía pena por ella y lo que le esperaba.
Entré al cementerio con