DAMIÁN ASHFORD
La muerte de Sergei fue poética, hasta cierto punto. Desde el primer piso Shawn y Carter lo sostuvieron de ambos brazos, mientras una soga ya rodeaba su cuello.
—Yelena… —susurró el nombre de quien alguna vez fue su esposa, pero ella respondió con una bofetada que le torció el rostro.
—Mi nombre en tu boca suena asqueroso —contestó ella con repudio—. Eres un hombre cruel. Alguna vez te lo dije, si no eres noble por iniciativa propia, entonces tendré que arrancarte el corazón co