JAMES CARTER
Inyecté el fármaco en la venoclisis y abrí el suero, haciendo que la gota se convirtiera en chorro, empujándolo hacia su vena. Cuando Bastián comenzó a parpadear más de lo normal y sacudir la cabeza, supe que ya estaba haciendo efecto la ketamina.
Tomé el cuchillo cuando el acero ya estaba al rojo vivo. Lo pasé frente a sus ojos notando como lo seguía con la actitud de quien nunca había visto algo igual y de pronto, sin tocarlo, comenzó a gritar asustado.
—¿Qué haces? ¡No! ¡Por f