DAMIÁN ASHFORD
No solté la mano de Andy en ningún momento, pese a la sangre y el dolor, hasta que los camilleros no me permitieron acompañarla al área de emergencias. Me quedé afuera con el alma en el piso y el miedo corriendo por mi sangre. No quería perder a mi mujer, no quería perder a mi hijo.
No podía regresar a casa y decirle a mis hijos que mamá no regresaría. De pronto sentí algo en mi mano, estaba empapado de sangre. Cuando me di cuenta, me había quedado con ese cordón que había atado