BASTIÁN LEBLANC
—Andy, la mujer por la que lloras… es hija del auditor de Estados Unidos. ¿Aún la consideras tu amiga? —pregunté con media sonrisa y negando con la cabeza.
—¿Lo sabías? —inquirió Rachel con el rostro lívido—. ¿Todo este tiempo lo supiste? ¿Por eso querías casarte con ella, para tener a su padre de tu lado?
—No, hubo un tiempo en que la amé porque creí que era madura, inteligente y la clase de mujer que me merecía. Lo de su padre era un beneficio secundario —respondí antes de sus