RACHEL MONROY
—Cariño, por favor, ven conmigo —insistió mi madre, llena de miedo. Entonces Henry atravesó las puertas con las manos escondidas en los bolsillos, manteniendo su distancia, dejando que resolviéramos las cosas entre ella y yo—. Tú eres una niña buena, de casa, no tienes que ensuciarte las manos de esta manera. Este no es tu mundo. Por favor.
Sabía que sentía miedo por mí, que quería protegerme, pero en algo se equivocaba y era que yo ya era parte de ese mundo. Di un par de pasos h