MOLLY DAVIS
—Por suerte la bala no lo atravesó —dijo el doctor levantando el proyectil deformado, sosteniéndolo con unas pinzas largas antes de dejarlo caer en una charola de metal—, pero por toda la sangre que perdió y los golpes que recibió, necesita mucho descanso. No puede hacer esfuerzos o se abrirán de nuevo sus heridas.
Mientras el doctor le explicaba a Sergei y Nadia, de pie en medio de la habitación, yo estaba en la cama, sentada al lado de Alexei. Dormía profundamente, aún lleno de s