MOLLY DAVIS
Seguí a Nadia en silencio, a veces pensando que era una maldita trampa y que había arruinado todo, a veces con la ansiedad de que era cierto y no llegaría a tiempo. Nuestros tacones pasaron por encima de los charcos que quedaron en el salón arruinado por el agua. Me di cuenta de que las cámaras volvían a funcionar y cuando subimos las escaleras, Nadia se giró, tuve que aferrarme al barandal para no caer de las escaleras. Se veía imponente y las luces remarcaban los suaves ángulos de