RACHEL MONROY
Mi papá asintió, pensativo, sentándose de nuevo ante su escritorio, repasando mis palabras. Irme de su vida a cambio de la contraseña con la que se había obsesionado. Cuando levantó su mirada hacia mí supe que lo consideraba un trato justo y eso solo me rompió aún más el corazón.
—Bien… —susurró apoyando su boca en su puño, aún con actitud reflexiva, aunque me quedaba claro que ya había tomado su decisión—. Yo mismo levantaré la orden de alejamiento.
¿Una pequeña cordialidad antes