DAMIÁN ASHFORD
«Damián, lo siento, soy una cobarde. No puedo seguir arriesgando a mi hijo de esta manera. No puedo condenarlo por mis errores. No sé qué pasaría si tu madre decide hacerme daño o si al intentar complacerla me hunde en más problemas. Tampoco me siento capaz de buscar una vida normal, con un empleo mediocre y un cuarto sucio y pequeño donde apenas y podamos sobrevivir.
Lo estuve pensando y creo que Esteban estará mejor con ustedes. Has demostrado ser un gran padre, he visto cómo