DAMIÁN ASHFORD
Era un hombre golpeado, amedrentado y cargando un bebé que no era mío. No había manera de que las cosas se pusieran peor. Abrí la puerta de la casa y cuando entré pude olfatear en el ambiente un aroma especiado, Andy parecía querer lucirse con la cena.
¡Solo esperaba que hoy no fuera una fecha especial que claramente olvidé!
—¡Papi! —exclamaron al unísono mis mellizos, siendo atraídos por el sonido de la puerta. De inmediato escondí al bebé detrás de mí, sosteniéndolo con ambas