ANDY DAVIS
Los niños habían subido por sus mejores juguetes para impresionar a su abuelo. Fue la única manera de que por fin soltaron sus piernas. Una vez que nos sentamos en la sala, frente a frente, los ojos se me llenaron de lágrimas y recordé el último día que lo vi.
—Son encantadores, sacaron tus ojos —dijo con la mirada clavada en las escaleras, como si aún pudieran verlos—. Supongo que lo rubio lo obtuvieron de su padre. ¿Es el mismo hombre con el que planeas casarte?
Asentí mientras lo