ANDY DAVIS
Dejé de cargar con esas pesadas cadenas que me hundían en el sofá y antes de que él tocara el pomo de la puerta, me levanté de un brinco, sostuve mi vientre con ambas manos como si se me pudiera caer, y troté hacia él.
—¡Papá! ¡Espera! —exclamé con la voz rota y por fin volteó hacia mí, con una esperanza tan profunda en sus ojos que me desarmó por completo—. Por favor, no te vayas. Yo… yo…
Me estaba rompiendo en pedacitos y aún me trababa con las palabras. Inhalé profundamente y dej