ROCÍO CRUZ
No podía darme por vencida. No era fuerte, no era rápida, pero era inteligente. Mi mamá me lo decía mucho de niña y aún le quería creer. Aunque haya pruebas irrefutables de que a veces soy media pendeja.
Me senté en el borde de la cama, pensando, apoyando el mentón sobre las palmas de mis manos mientras paseaba la mirada por toda la habitación, hasta que por fin se me prendió el foco.
¡A veces podía ser una cosa bárbara!
Giré sobre mis talones y vi cada esquina de la habitación, bu