Mundo de ficçãoIniciar sessãoANDY DAVIS
La casa de Camille era hermosa, llena de rosas, no necesitaba ningún perfume más que el dulce aroma de las flores. Los mellizos jugaban felices en el amplio jardín, mientras yo compartía un café con ella en la mesita de herrería, bajo la sombrilla, mientras mecía al pequeño Ángel entre sus brazos, parecía tan feliz que me era sorprendente recordar a la mujer







