JAMES CARTER
Me quedé con su imagen, enredada en mis sábanas, con el cabello revuelto y ese rostro angelical que la hacía ver inalcanzable. Antes de irme besé su frente, y no conforme, robé un beso de sus labios. Era muy temprano, de madrugada, ella no despertó y por primera vez en la vida tenía miedo de no volver. Tenía que hacer las cosas bien. Ahora si me importaba regresar.
Había tantas cosas pendientes entre ella y yo que me rehusaba dejar que se disolvieran en el tiempo, con mi ausencia.