CAMILLE ASHFORD
Los oídos me zumbaban y me arrastré como pude, alejándome de ella. El ama de llaves fue la primera en acercarse a mí, envolviéndome entre sus brazos de manera protectora mientras aún seguía en el suelo. Cuando alcé la mirada, el resto de la servidumbre estaba rodeando a la mujer desconocida, que las mantenía a raya con su cuchillo, agitándolo hacia ellas, sin saber de cual defenderse primero. Se había llevado buenos golpes al caer, pero no era suficiente para que se rindiera.
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