El beso fiero que Otsana le da a su mate, acompañado con esa invitación atrevida, pronto hace efecto entre las piernas de él, quien la pone en el colchón con delicadeza como si ella fuera un vaso frágil y delicado que podría romperse con un trato tosco.
—Uy, pequeña, has despertado a la bestia —expresa divertido y con la voz gruesa. Él le va a arrancar el vestido con fiereza, pero ella lo detiene y lo mira con una sonrisa pícara.
—Lobo travieso, ¿quién te dijo que tú tomarás el control? Todaví