Alexa mira con desafío a los guerreros que la tienen atrapada en la oficina de Riú y se cruza de brazos en desacuerdo con ellos.
—Debo ir con mi esposo —insiste, mas estos se niegan.
—Él nos ordenó que la mantengamos aquí a salvo.
Ella hace un puchero y toma asiento. Desea mucho ir a ayudarlo, pero bien sabe que eso pondría en riesgo a su bebé. Esa es la única razón por la que obedece a los hombres que la tienen allí encerrada.
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En el límite marítimo que rodea a Fuerza de bronce y alejados d