El eco de la partida de Enzo resonó en el silencio de la mansión. Sabrina permaneció en el vestíbulo hasta que el aire frío que había entrado con él se disipó, dejando solo la pesadez de la ausencia. Subió las escaleras con una lentitud de autómata, sintiendo el peso de la soledad que se había instalado en cada rincón.
Su primera confrontación fue con Franco. La tensión entre ellos era ahora una cuerda de violín a punto de romperse. Franco la siguió hasta la sala de estar, manteniendo una dista