Capítulo 31. Aurora.
Ellen.
Seattle la recibió con una lluvia suave, persistente, como si la ciudad quisiera acompañarla en silencio mientras ella daba los primeros pasos de su nueva vida. Ellen respiró hondo al bajar del tren, aferrando su abrigo contra el viento húmedo. El aire olía a tierra mojada, a abedules, a una calma distinta. A futuro.
La casa de sus padres seguía igual desde la última vez que había estado allí. El porche necesitaba pintura, el jardín reclamaba cuidado, pero era su refugio. Se instaló sin