Capítulo 30. Que lástima pero me voy.
Ellen.
El cielo gris de Nueva York se extendía como una manta apagada sobre los edificios, cubriendo todo de un tono nostálgico y triste. Ellen caminaba con paso firme por la acera mojada, el abrigo ajustado sobre su vientre en crecimiento, sus labios apretados y su corazón latiendo con furia contenida. Había decidido llamarlo esa mañana. No por él, sino por ella. Necesitaba cerrar esa historia cara a cara, poner en palabras lo que se había repetido en su cabeza cientos de veces.
Eligieron una