El equipo de Alexander se movía como sombras por las calles empedradas de Barcelona. Viktor, el líder, revisaba su teléfono en la parte trasera de una furgoneta negra sin distintivos. Habían sobornado a dos taxistas y a un empleado del aeropuerto privado. Tenían una dirección aproximada: una urbanización exclusiva en las afueras, cerca del mar.
—Objetivo confirmado con un 70% de probabilidad que sea ella. —dijo Viktor a través del auricular—. Una gran villa con alta seguridad y una mujer embar